VIRGEN DE TRESFUENTES

LA IMAGEN

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La descripción de la imagen según la  relación histórica en verso que se remonta a los primeros tiempos  "niño risueño y apacible sentado sobre los brazos y reclinado en su amoroso pecho " no coincide con la actual. Estos detalles acerca de la colocación del Niño hacen suponer que la hallada en la Dehesa fue sustituida por la que hoy podemos contemplar en su santuario (casi todo el año en la iglesia de San Andrés).

Ésta es, con toda probabilidad, de estilo gótico y su labra no parece ser muy anterior al siglo trece, si bien esto no implica rechazar la tradición acerca del origen de nuestra Virgen, pues es cosa sabida que algunas de las imágenes, debido a las malas condiciones en que permanecieron escondidas, fueron sustituidas por otras y hasta algunas muy antiguas, por considerarlas toscas, se vieron reemplazadas por otras más en consonancia con el gusto de la época.   

La talla de nuestra Virgen, bien pudiera ser de aquella época en que el  románico y el gótico se entremezclaban, de forma que las esculturas conservan caracteres de ambos estilos.

No tiene esta imagen la rigidez y severidad de las románicas más antiguas, no obstante, la Virgen de Tresfuentes, sin perder nada de su porte real tiene una dulce expresión de bondad maternal que se refleja en su rostro sonriente.

De rostro ovalado, sus facciones aportan un aire de gran serenidad y belleza. Los ojos almendrados, bajo unas finas cejas con los pómulos bien señalados, enmarcan una nariz recta, y la boca perfectamente dibujada, señala una incipiente sonrisa. El escote de su vestido o túnica es acorazonado, con una ancha greca decorada y un medallón o fíbula en su centro. La disposición de los paños dista del amaneramiento y simetría en sus pliegues, de forma que el manto cae sencillamente, con naturalidad desde los hombros, por ambos lados, para terciarse sobre la pierna derecha. La correcta distribución de los pliegues del manto, proporcionan un gran sentido realista.

Al sentar sobre su rodilla izquierda al Hijo, éste proporciona con sus pies una posterior tirantez a la tela. Las manos de la Virgen están bien trabajadas y, aunque son grandes, relativamente, son perfectas respecto al rostro, lo que acentúa su expresividad. Lleva en la derecha una granada o flor, y con la mano izquierda sostiene al Niño. Tiene el cuerpo erguido y conserva la figura e inmovilidad del románico, si bien ambos rostros esbozan sonrisas que, aun cuando más acusada en la Madre, hacen a los dos muy amables y humanos.

Remata la cabeza de la Virgen una corona real formando parte integrante de la escultura, muy frecuente en el último período del románico. Esa corona flordelisada de Santa María de Tresfuentes, es muy típica de las Vírgenes del antiguo reino de Navarra. 

El Niño Jesús que, a veces, se ve sentado en el regazo de su Madre, aquí aparece sentado sobre la rodilla izquierda, siendo su rostro dulce y aniñado aunque con cierto aire de seriedad, lo que disminuye la gracia infantil que suelen tener representaciones tardías. Con serena actitud y cierta inclinación hacia su lado izquierdo, bendice con la mano derecha, en tanto que con la izquierda sostiene un libro que apoya sobre la pierna del mismo lado.

Un detalle que puede expresar relación con el gótico, es que la mano izquierda de la Madre está alta; casi en el hombro del Niño, mientras que en las imágenes románicas suele estar más baja. Esta imagen, como casi todas las de aquellos tiempos, es de madera policromada, mide 75 centímetros desde la corona al pie de la imagen, y diez centímetros la peana en que se asienta.

 

VESTIDOS Y MANTOS

La absurda y antiestética moda de sobreponer vestidos a las imágenes talladas, también afectó a Nuestra Señora de Valgañón y, posiblemente desde los inicios de esa costumbre. Así consta que en 1665, María García "manda hacer un bestido nuevo, y entrega un anillo y una joya para la imagen  desta villa ", otras muchas disposiciones podrían citarse en este sentido; pero esa sola es suficiente para mostrar cómo entonces y hasta épocas bien recientes, los devotos de la Virgen de Tresfuentes trataban de obsequiarla cubriéndola con vestiduras que ocultaban el auténtico valor de la talla.

González Grijalba, aludiendo al mal gusto de vestir a la imagen de Nuestra Señora de Tresfuentes, en crónica publicada en  Diario de la Rioja de Logroño, el 4 de Noviembre de 1924 dice que "su belleza no ha sido debidamente apreciada porque también con ella ha prevalecido la costumbre de vestirla ocultando de tal forma el verdadero estado de la escultura que muchos pensaban que la imagen se componía únicamente de la cabeza y de la del niño".

Uno de los actos de la celebración del VII Centenario de la consagración de la iglesia, en 1924, fue la bajada de la  imagen desde la parroquia a la Iglesia de San Andrés en procesión, con asistencia masiva del pueblo. Ni los más ancianos tenían noticia de que la imagen hubiese sido nunca descendida de su camarín, cuando esta ocasión sucedió, descubrieron, no sin asombro, que un fuerte y amplio armazón estaba incorporado a la talla para que resultasen más visibles y vistosos los vestidos y mantos, como  aquel armazón de madera iba cubierto con una tela claveteada al mismo que jamás se le quitaba, abonaba la creencia de que carecía de cuerpo la imagen de la Virgen.

Once años más tarde siendo párroco don Leopoldo Montoya se hicieron las primeras fotografías de la talla libre de sus vestiduras y en 1966 desaparecieron definitivamente las vestiduras y mantos de nuestra Virgen. En la talla se pudieron apreciar entonces ciertos desperfectos ocasionados por los clavos que sujetaron el armazón, más visibles en la corona, aunque, afortunadamente no fueron graves. Los daños causados fueron subsanados en los años 90 al ser restaurada y sometida  a limpieza y desinsectación.