VIRGEN DE TRESFUENTES
HISTORIA / LEYENDA
[PRINCIPAL] [HISTORIA / LEYENDA] [EL TEMPLO] [LA IMAGEN]
Don Isidro de Simón fue un sacerdote nacido en Valgañón que escribió un compendio acerca de la Aparición de la Virgen basándose en una obra anterior escrita en verso a finales del siglo XVII por un autor llamado J.U. que fue probablemente un sacerdote del pueblo o un monje franciscano del monasterio de Fresneda.
De este compendio histórico, del que se dispone un buen resumen en el magnifico libro de D Germán González Untoria ya comentado en esta Web, es del que se ha entresacado lo siguiente.
LEYENDA
PRIMERA APARICIÓN DE LA VIRGEN
Hallábase Inés cierto día apacentando cuidadosa, como de costumbre sus ovejas en el verde y ameno monte que llaman la Dehesa, y estando recostada junto a un risueño arroyuelo formado por un manantial que poco más arriba nacía, vio que bajaba del monte una hermosísima Señora, bella como el sol naciente entre nubes de rosa y nácar; de esbelto talle y semblante dulce y amoroso.
Entre temblores inspirados por la grandeza y majestad de tan extraordinaria visión, sentía Inés como embargado y confortado su ánimo de una dulce confianza y todavía fue mayor su alegría cuando, deteniéndose delante de ella, oyó de los amorosos labios de la Señora estas sencillas palabras; con dulce acento pronunciadas:
"Dime, Inés, ¿qué haces aquí?”.
Inés contestó enseguida:
"Guardo, Señora, aquestas ovejas que mis padres confiaron a mis cuidados”.
"Y dime: ¿por qué razón ayunas hoy?"
“Porque es viernes y tengo devoción de ayunar en obsequio de María Santísima todos los viernes del Año".
“Me agrada tu devoción tanto como tu inocencia pero te dispenso del ayuno. Porque he determinado confiarte un encargo importantísimo, para ti y para todos los habitantes de este pueblo de Valgañón. Escúchame pues, atentamente: Yo soy, hija mía, la Virgen María, Madre de Jesús y quiero habitar aquí, en este pueblo para siempre. Pero son tantos los pecados con que ofenden a mi querido Hijo aquestos paisanos tuyos, que han demorado hasta el presente, el cumplimiento de mi deseo. Está ya próxima a llenarse la medida de la justicia divina, y antes que el Cielo descargue sobre ellos su justa cólera, quiero usar de mi amor y misericordia con estos moradores. Baja, pues a Valgañón. Cuéntales este suceso y diles que si en el plazo de cuarenta días no se arrepienten de sus muchas culpas, y se enmiendan y corrigen, todos serán destruidos sin que quede piedra sobre piedra en todo su territorio. Si se arrepienten, desde ahora les prometo ser su especial protectora y habitar aquí entre ellos”.
Y dicho esto, desapareció la Augusta Señora. Repuesta nuestra inocente pastorcita del asombro que le causara tan admirable visión, emprendió sin tardanza su marcha hacia la Villa, con presuroso andar.
INÉS COMUNICA EL MENSAJE
Llegó Inés a su pueblo rebosante de felicidad y, al mismo tiempo, impaciente por comunicar a sus vecinos el contenido del mensaje recibido de labios de la Señora. Sin embargo, la inmensa alegría que la acompañó mientras descendía de la Dehesa, pronto se trocó en motivo de aflicción por la actitud de rechazo que encontró en las primeras personas a quienes refirió el contenido de su misiva. Ninguno dio crédito a sus palabras; pero, no obstante, los moradores de Valgañón no tardaron en conocer lo que Inés decía haber sucedido en el monte.
Les refirió con todos sus detalles la historia de tan maravilloso suceso; pero ninguno dio crédito a las palabras de Inés. Tratáronla de ilusa unos, otros de loca y visionaria y, los más, diciendo que estaba soñando y no sabía lo que decía, aunque ella se esforzaba una y otra vez para convencer a sus paisanos de la veracidad de los hechos referidos.
Ante esta inesperada situación, y discurriendo cómo podría influir con mayor convicción en el ánimo de sus convecinos, ¿qué hacer? En primer lugar, no debía descuidar su diaria ocupación de pastora. El trabajo encomendado por sus padres, debía ser atendido y continuarlo con la mayor diligencia y dedicación, si cabe.
Al día siguiente, muy de mañana, salió con su rebaño, según acostumbraba, en busca del pasto que sus ovejas necesitaban, en tanto que su pensamiento iba a los felices momentos vividos al lado de la Señora ya la amarga desilusión que le proporcionaron sus paisanos.
SEGUNDA APARICIÓN DE LA VIRGEN
Vencida la penosa ascensión a la Dehesa, se encontró de nuevo en el lugar del prodigioso encuentro. Su recuerdo volvió a representársele con vivos colores a Inés, contrastando aquella sublime escena con el soberbio endurecimiento de su pueblo, con lo que renovó las amargas horas vividas al tener que soportar a tantos incrédulos.
Aquella angustia apenas duró unos instantes, pues de inmediato, hizo su aparición por segunda vez la Virgen María, y todas las angustias que momentos antes experimentó la joven, se disiparon al instante y la alegría volvió a resplandecer en su rostro cuando la Santísima Virgen María se dirigió de nuevo a nuestra pastorcilla, de esta manera:
"¿Es posible, Inés, que ese pueblo ingrato y soberbio se muestre todavía duro y rebelde a mis maternales voces ya tus palabras inocentes?”
"Señora, contestó Inés entre sollozos y lágrimas: Es verdaderamente terco y duro este pueblo mío y, por eso, le compadezco más. Creo que si vos misma no me dais una señal patente de vuestra aparición con que den crédito a mis palabras, no habrá remedio para estas gentes, y su perdición es segura"
"No; no quiero que perezcan, (dijo la hermosa Señora, como hablando consigo misma) y porque veas, Inés, cuanto deseo tu salvación y también la de tu pueblo llégate a mí y te daré como señal un prodigio permanente"
Acercóse tímida la humilde pastorcilla, y sintió que la Santísima Virgen imprimía con dulzura inefable los cinco virginales dedos de su diestra mano en su mejilla izquierda, traspasando al mismo tiempo todo su ser una conmoción tan agradable e intensa que la hacía completamente feliz y dichosa. Al mismo tiempo oyó de sus celestiales labios, estas cariñosas frases:
"Ahí llevas una nueva señal, con la cual te creerá tu pueblo y quedaron en el rostro de la jovencita las bellísimas huellas que señalaron dedos virginales que conservó hasta su muerte”.
Con estas gloriosas y patentes señales -sigue don Isidro- se presentó nuevamente en su pueblo, que lleno de admiración y asombro, la contemplaban sin apenas atreverse a acercarse a ella: tanta era la veneración y tan grande el respeto que infundía aquella faz marcada. No fue necesario que Inés emplease muchas palabras para hacerles comprender la realidad del nuevo milagro pues, aquellos signos de su cara les sirvieron de punto de reflexión para acabar de comprender que estaban ante un acontecimiento singular, de forma que los insultos y burlas recientes, se convirtieron en lamentos al reconocer anteriores culpas y extravíos, preludio de un formal arrepentimiento.
Unos se entregaron humildemente; otros sintieron deseos de cambiar su modo de vivir y, los más reacios, quedaron apercibidos. El ambiente espiritual de la villa se fue caldeando y ya se sentía en las gentes la necesidad de recuperar la amistad con Dios.
Durante varios días se suceden en el templo diversos actos penitenciales que, de manera individual y espontánea, realizaban los vecinos de Valgañón, y ante este espontáneo y general movimiento de conversión, se reunió el venerable Cabildo y noble Ayuntamiento para tratar acerca de lo que convenía hace1; y acordaron que todos los habitantes fuesen vestidos de penitencia hasta el cerro de la Dehesa en donde, según el testimonio de Inés, se había aparecido María Santísima. Era, dice la tradición, un espectáculo tierno y conmovedor el ver a todo un pueblo llorar públicamente sus pecados; sus rostros angustiados, tristes sus semblantes, de tosco sayal vestidos, cubiertas de ceniza sus cabezas.
Ya los negros pendones y estandartes tremolaban a los vientos y hasta las sagradas imágenes y la santa y adorable Cruz, iban con velos negros cubiertas, la ordenada procesión va caminando hacia la Dehesa, muchos con los pies desnudos, y todos, clero y pueblo clamando arrepentidos al Señor con cánticos de sincero dolor. Suben la empinada y escabrosa cuesta que conduce a la Dehesa, precedidos y guiados por la ya admirada pastorcita; la cual, lleva sobre sus débiles hombros un pesado madero y ya cerca del cerro, manda Inés que se detengan todos y, ella sola, cargada con su cruz, rendida de fatiga, pero animada y de forma prodigiosa fortalecida, dirige con ligereza sus pasos hacia la cristalina fuente.
TERCERA APARICIÓN DE LA VIRGEN
Allí la bella encantadora imagen se le aparece irradiando mil fulgores y le dice:
“No tengas ningún temor: deja ya el pesado leño y acaben tus lágrimas y pesares. Ve, ve ligera y di a tu pueblo que ya mi Hijo ha oído tus clamores. Ha visto su contrición y aceptado sus penitencias y que, por su misericordia, ya están perdonados. Que se despojen de sus lutos y que me busquen en este lugar y me bajen a la villa porque quiero desde hoy ser protectora perpetua de Valgañón”.
Así habló la Virgen y, al momento, desapareció. La encantadora niña voló a comunicar a sus paisanos tan buena nueva y los encontró postrados en tierra y humilladas sus frentes mientras imploraban del Cielo favor y clemencia.
Cuando Inés comunicó a su pueblo la existencia de la imagen que la Virgen María había puesto de manifiesto ante sus ojos no fue posible contener un momento más el ardiente deseo que todos tenían de contemplar la Veneranda Imagen. Apresurando el paso, hallaron en le fuente el hermoso simulacro de la Madre de Dios con un bellísimo Niño, risueño y apacible, sentado sobre sus celestiales brazos y reclinado en su amoroso pecho.
Con veneración, los sacerdotes, después de rendirse a las plantas del Cordero y de su Santa Madre, cargan sobre sus hombros venerables el peso virginal y, juntos con todo el pueblo, entonan himnos y cánticos de regocijo y alegría, mientras descienden de la montaña portando la imagen de Nuestra Señora hacia la ermita en que decidieron entronizarla hasta disponer de otro santuario más acorde con la importancia y santidad de la imagen.

SOBRE EL CRISTO DE BAÑARES
¿Por qué a este Cristo se le dice "de Bañares"? Por tradición se sostiene que esta imagen fue realizada en Burgos con destino a Bañares pero al ser trasladada a este pueblo, la yunta de bueyes que lo transportaba, a su llegada a Valgañón, se detuvo ante la puerta de la parroquia, negándose a continuar, pese a la insistencia con que los carreteros instigaban a los animales para que siguieran su camino. En vista de la terquedad de los bueyes, los sustituyeron por otros; pero el resultado fue el mismo; como las nuevas yuntas tampoco pudieron arrastrar la carreta, optaron por dejar el Crucificado en la parroquia de Tresfuentes. Otras versiones se han dado acerca de este asunto a cuál más disparatada. De todas formas, no deja de ser extrañó que tomasen el camino de Valgañón para ir de Burgos a Bañares, en lugar del de Belorado que, sin duda sería mejor y más corto.
Otra versión es la de que habiendo ambos pueblos encargado en Burgos un Crucificado, se adelantaron los valgañonenses a recogerlo y les entregaron el de Bañares, porque el suyo no estaba concluido en aquellos momentos. No será fácil determinar la época desde la cual se comenzó a nombrar a este Santo Cristo con el sobrenombre de "Bañares"; pero sí se sabe que, al menos, desde que fue colocado el nuevo retablo, se le llamó Santo Cristo de la Vera Cruz. O sea, que este Cristo no se llamó "de Bañares" desde el momento en que la tradición hace suponer que llegó a nuestro pueblo, pues desde que fue colocado en su retablo actual, pasaron no menos de 125 años hasta que alguien le adjudicó el apelativo con que actualmente se le conoce. Luego el "de Bañares" no es tan antiguo.
HISTORIA
LA ERMITA
¿A que ermita se refiere la leyenda? ¿A quién estaba dedicada y donde estaba su emplazamiento? No se ha encontrado dato alguno que permita dar respuesta satisfactoria a estos interrogantes. Se tienen datos acerca de, al menos, siete ermitas sus advocaciones y el emplazamiento de todas ellas. Lo que parece seguro es que la imagen de Nuestra Señora, bajada de la Dehesa, fue entronizada antes de entrar en Valgañón. J.U. dice: "que está (la ermita) a un cuarto de legua de la Villa".
De cualquier forma, no deja de sorprender el que depositasen la imagen en lugar tan retirado del poblado; pero nadie aclara esta circunstancia, por lo que aun cuando cause extrañeza esta decisión, habrá que pensar que existirían razones para obrar así y, acaso, tan poderosas como para edificar posteriormente la parroquia en las proximidades de aquella ermita. La ermita más próxima era la dedicada a Santa Ana, por cuyo nombre aún se conoce aquel término.
LA VISITA REAL
Próximo el VIII centenario de las apariciones de la Santísima Virgen María en Valgañón, seguimos sin conocer los motivos que movieron a nuestros paisanos de aquel entonces para erigir un templo a Nuestra Señora, en lugar tan apartado de la Villa, pero si sabemos que tras este suceso, el Cabildo parroquial se dirige al señor Obispo de Burgos, a cuya diócesis pertenece Valgañón, dando cuenta a don Mauricio de las apariciones de la Santísima Virgen a una pastorcita, a quien hizo entrega de un simulacro, de tal belleza, que es la admiración de los que llegan a contemplarle.
Don Mauricio, pese a sus múltiples ocupaciones pastorales y políticas, no desdeña el contenido de dicha misiva y, tras comentarla con sus colaboradores, decide dar cuenta de ella a la reina Doña Berenguela ya su hijo don Fernando, que por aquellos días se encontraban en Burgos ultimando los preparativos para trasladarse a la Rioja, concretamente a Nájera donde les esperaba un acto de gran trascendencia para Castilla.
Doña Berenguela es informada del propósito que don Mauricio había hecho de trasladarse a Valgañón a fin de informarse cumplidamente de las circunstancias en que habían sucedido hechos tan prodigiosos, previo aviso a los sacerdotes de Valgañón para comunicarles su desplazamiento. Tras la coronación de don Fernando en Nájera, como rey de Castilla, hay quien da por hecho el viaje de tan ilustres e importantes personajes a Valgañón.
LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO
Dada la estrecha colaboración de Don Mauricio con los Reyes no es extraño pensar que consiguiese ayudas o cesiones de derechos y rentas para la construcción del templo ideado, pero otro de los medios de allegar recursos para la construcci6n y reparaci6n de iglesias eran las limosnas, mediante la concesi6n de indulgencias por el Romano Pontífice y Obispos diocesanos, ¿c6mo don Mauricio no iba a utilizar dicha facultad para promover ayudas entre los devotos de la Virgen María, sin duda numerosos en Valgañón y pueblos comarcanos? .
Lo cierto es que los recursos necesarios para iniciar las obras no tardaron en llegar, bien de Burgos o de los fieles, ya que en pocos años pudo acabarse el primer templo dedicado a Nuestra Señora de Balgañ6n, ya finales del año 1224, el Obispo don Mauricio, fundador de la Catedral de Burgos, vino a Valgañ6n y consagró el nuevo templo, tal como había prometido y como se puede comprobar al leer la inscripción latina que bajo la ventana del presbiterio perpetúa tan fausto acontecimiento que se demuestra absolutamente cierto.
El día 7 de Noviembre de 1224, don Mauricio, consagró la Iglesia que la Villa de Valgañón erigió a la Santísima Virgen recientemente aparecida y que, luego, será de todos conocida con el nombre de Virgen de Tresfuentes. De dicha consagración .queda constancia en la inscripción latina en el muro sur del templo que dice:
CONSECRATA EST ECCLESIA EPI BURGUENSIS
MAURICI: DEI: VII:MENSIS:NOMBRIS:ANNO:
CHRISTO:MCCXXIIII:ERA:MCCLXII
De esta forma se elevó el templo románico en Valgañ6n en honor de su Virgen poco antes aparecida en la Dehesa y fue fundada por Don Mauricio, el mismo que fundó la catedral de Burgos.
VIII CENTENARIO
En Noviembre de 2024 se cumplirá el 800 aniversario de la consagración de la iglesia.